"El arte es un paso desde lo visible y conocido, hacia lo desconocido." Kalil Gibran

miércoles, 23 de mayo de 2012

1920

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Las mujeres,  románticas empedernidas, siempre nos hemos sentido fascinadas por algunas épocas de la historia. Es muy común que novelas  como las de Jane Austen (“Orgullo y prejuicio” “Emma” , “Persuasión”) o las de las hermanas Brontë (“Jane Eyre”, “Cumbres borrascosas” , “Agnes Grey”) nos atrapen y nos sumerjan en un mundo de vestidos largos y heroínas soñadoras. Sin embargo, cuando nos detenemos a pensar un minuto, cuando no nos dejamos llevar por nuestro perfil fantasioso, cuando nos detenemos a contemplar  los logros obtenidos con el correr de los años  y reivindicamos las luchas que tantas otras que nos precedieron han debido batallar por nuestra “liberación” , es muy difícil que podamos llegar a imaginar, por ejemplo,  ser pasajeras de un  “viaje en el tiempo”, a menos que sea, claro, como meras observadoras, nunca de protagonistas reales. Volver atrás, a un mundo que nos ha tenido relegadas y postergadas, y no me refiero a una lucha de mujeres  contra hombres, sino a la de la mujer contra su propio pasado, no nos resultaría edificante, a ninguna de las que hoy somos escuchadas y respetadas por nuestras propias opiniones, que damos y aportamos ideas desde la mujer en su medio, que conseguimos un lugar, nuestro lugar en el tiempo. Y cuánto que nos costó, y aún nos cuesta!  Lamentablemente, muchas veces resultamos ser nuestras enemigas. Se me vino a la mente una película, no tan vieja, con la actuación de Julia Roberts: “La sonrisa de Mona Lisa”, en la que, a pesar de ser un producto comercial y sin mayores intenciones de profundizar en el tema, se expone claramente la resistencia que ofrecían nuestras congéneres, allá por los años ´50, a los cambios que la Revolución Industrial nos había dejado, a la aparición de las máquinas, que nos solucionaban muchos  problemas domésticos, y nos liberaban tiempo para pensar en nosotras y en nuestros propios intereses, al progreso, a los cambios del vestido y de las costumbres, a la literatura, a las pensadoras revolucionarias que ya venían abriendo camino desde el siglo precedente (recordemos  a Olympe Des Gouges), y que ya comenzaban a marcar tendencia en las sociedades modernas, incluso, en la mismísima línea de pensamiento de las nuevas generaciones masculinas que, ofreciendo cada vez  menos resistencia, comenzaban a sumarse, a las causas femeninas. Y la mujer comienza a hacerse fuerte, en las ciencias, en las artes, en las letras. Sus obras empiezan difundirse y reconocerse, y empieza a hacer historia En honor a la verdad, pisotear tanto camino resulta, como mínimo, incongruente, contradictorio. Todavía falta mucho, todavía nos avergüenza saber que existen culturas en las que algunos lapidan a las mujeres por causas banales, como arrogándose derechos superiores, de quienes parecen estar libres de pecado. Es por eso que estas fantasías, estos sueños dibujados, estas imágenes sacadas de la fascinación de todas las épocas, estéticamente bellas, de la música del charleston o de las princesas egipcias o de las damas de las Cortes Europeas, son sólo eso, el sabor dulce que nuestro costado romántico a dejado grabado desde los cuentos de hadas y las películas de la infancia. Algunas cosas ya hemos aprendido, y por otras nos dejamos llevar todavía. Hoy seguimos regalando a nuestras hijas planchitas de plástico, hornitos en miniatura, costureritos, curiosamente les marcamos tendencia hacia el mismo camino del que nos tratamos de liberar. Dejemos que respiren, que decidan, que piensen y que actúen con libertad. No es necesario adoctrinar sobre el costado femenino y maternal, porque ahí está y estará siempre, y todas lo sabemos cuando tenemos nuestro primer hijo. Por ellos, nuestros hijos, aprendemos de todo, de golpe, sin escuelas previas, porque es instintivo, así como el hombre sabe defender su prole en caso de necesitarlo, sin que les enseñemos, desde pequeños, a empuñar un arma o a blandir una espada.
Desde esa conciencia plena, desde ese “mea culpa” por dejarme llevar para crear y dejarme atrapar por los vestidos de los años ´20, es que diseño y publico trabajos como este. Es algo lúdico, es algo artístico, es placer estético y contemplativo, es la literatura que tanta influencia ha ejercido en la cabeza soñadora de una adolescente, y que la ha dejado ahí, en estado latente, para aparecer y regocijarse en el recuerdo.
Pero la realidad de hoy, es otra cosa, y es fantástica!

4 comentarios:

Cayetano dijo...

Pasa lo mismo cuando expresamos nuestra fascinación por el mundo antiguo grecorromano, un mundo violento de innumerables guerras de conquista y con esa mano de obra esclava sin derechos. Sentir fascinación por tiempos pasados es más bien una cuestión de estética y no de justicia social, que es otra cosa.
Un saludo.

Patzy dijo...

Si, así es. El año pasado, tuve la suerte de realizar mi primer viaje a Italia. Imagina! Para nosotros, los americanos, con una historia tan joven, ese pasado al que aludes, ejerce una fascinación increíble! Yo pisé el mismo suelo que el César! Je! Es tan dificil, en ese estado de fascinación, abstraerse y racionalizar que los mismisimos romanos fueron quienes ejecutaron a Jesús, por ejemplo, algo que aún hoy, como cristianos, nos causa dolor y vergüenza. Es en verdad muy fuerte la emoción y el disfrute de cada vivencia que no te deja espacio para el análisis. Gracias, Cayetano, por dejar tu comentario. Visitan a diario mi espacio muchas personas, pero eres uno de los pocos que lee mis contenidos, o al menos que los comenta, lo cual agradezco. De todas formas, no reniego del resto, supongo que me visitarán por mis diseños no?, y eso es básicamente lo que hago. El resto es compartir todo lo que pasa por mi mente cuando trabajo, y es un placer saber que tú me lees también. Abrazooooo

Rosa Silvestre dijo...

ay..sí, yo me dejé atrapar por todas esas historias que comentas, de heroínas de siglos pasados, por la moda pasada y por la parte de historia real que corresponde con estas heroínas, y desde luego me alegro de haber vivido en tiempos mejores para la mujer. Pero ellas siempre serán desde que fueron creadas un ejemplo para todas nosotras porque si algo no ha cambiado es la forma de sentir.
Un abrazo, hace tiempo que no me pasaba por aquí.

Patzy dijo...

Hola, Rosa!!! Es verdad, hacía un tiempito no te leía...y que justo, en este post, en el que te juro, todo el tiempo, pensé en tí, y en esa preciosa página que llevas de esta fascinación sobre la que hablo en mi post. Verdad que es irresistible sentirse atraída por toda esa literatura de la que tan bien cuentas en tu blog? Y a uno se le dá por soñar, por imaginarse allí, viviendo cada escena...pero, sin embargo, no todo era tan ligth en las vidas de aquellas heroínas, no? Estamos mejor, es cierto, pero de ellas mantenemos el romanticismo, que no es poco. Un abrazoooo, y gracias!

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